sábado, febrero 15, 2014

Asalto al Estado

El partido del poder, que por supuesto no es el nacionalista, ha dispuesto este último fin de semana que ya era demasiado sacrificio jugarse por Humala con el sueldo que les fijó Alan García. Luego de sopesarlo unos cuantos minutos, su jefe máximo concluyó que el aumentazo tenía que llegar de una sola vez, con toda la polémica que pudiese traer. El Fallo de la Haya es perfecto para aumentarse, afirmó Castilla imaginándose ante una asamblea de ministros, viceministros y secretarios generales de ministerios y entidades públicas, que en su amplia mayoría han sido designados por él, y que era retribuido con una aclamación de varios minutos.

Basta de desperdiciar el talento que se está yendo todos los días al sector privado, dijo el hombre del MEF, al presidente y la primera dama que asintieron ante la convicción del mechoncito y no pidieron un solo ejemplo concreto de esta migración que estaría desmeritocratizando el Estado humalista. Sin embargo el presidente volvió a dudar como solo él sabe hacerlo, y le dijo al ministro: todavía no me subas el sueldo, voy a pensarlo mejor. Castilla sabía que hubiera sido mucho mejor poner un sueldo presidencial de, por ejemplo, 30,500 soles, para de ahí continuar con los ministros. Pero cuando el comandante presidente se replegó, se dijo en silencio, que si no aprovechaba el momento, la resolución que había preparado y que ya tenía la firma del susodicho se podía diluir con el siguiente desinfle de las encuestas.

Castilla ya había hablado a esas alturas con Fritz, Aldo, Cecilia, Garrido, Slocovich, y otros más de la GI (gentita importante), para que aclararan al país que el aumento era por nuestro bien, ya que así vamos a tener a los mejores ministros (ellos), y nadie va a tener la tentación de irse del Estado (tentación que algunos han aguantado más de veinte años), y por añadidura estas buenas personas bien pagadas van a poder manejar cientos o miles de millones de Estado con mayor probidad (¿y cómo lo hicieron hasta ahora?) Estaba descontando, además, que los políticos “serios”, como Lourdes Flores, PPK y la gente de Toledo, sin que les pidan nada, iban a empezar a darle duro a la demagogia y el populismo de los que se oponen al aumento. Es una medida impopular, pero necesaria, es más o menos la coartada para enfatizar que no importa si va en contra del sentimiento de la población que a reaccionado como un resorte a la conchudez ministerial.

No hace mucho, en medio de la batahola que desató el acuerdo de incremento de los “gastos de representación”  en el Congreso, que no era sino un aumento encubierto, Humala se plegó a la protesta y dijo esperar que hubiera una “justificación” para la medida y que pueblo juzgara a los que habían votado por ella. El acuerdo se cayó, con el oficialismo y otras bancadas volviendo sobre sus pasos. Ahora cuando se está viendo que el descontento va a ser igual o peor, ¿qué justificación dará el presidente?, ¿dirá acaso que sus ministros le presentaron un pliego anunciando irse?, ¿cómo se quitará de encima el sentimiento generalizado de que primero les inventaron el “triunfo de La Haya” y luego lo usaron no para resolver un asunto de fronteras y relaciones entre dos países, sino como cortina de humo para duplicarse los sueldos.

Tecnocracia y mediocridad política


El aumentazo corona un proceso que se inició en un lejano julio de 2011, con Humala cercano al día de su juramentación. Por esos días se produjo un golpe de Estado circuncrito contra la victoria del mes anterior, que consistía simplemente en entregar la conducción económica a personas de confianza de la derecha empresarial y mediática, y de los organismos financieros internacionales. Por esa vía Julio Velarde prolongó por otros cinco años la presidencia del BCR que le asignó Alan García, bajo el mismo principio de ser bien visto en las esferas del poder económico; y se reclutó a Miguel Castilla, viceministro de Hacienda y exjefe del gabinete de asesores económicos del gobierno aprista, para que tomara la cabeza del MEF.

Para calmar las aguas del nacionalismo y de los intelectuales de izquierda que todavía rodeaban a Humala, se dijo entonces que al gordo Velarde se le cercaría con un directorio progresista que le podría límites y controles. Actualmente los seis miembros del tal directorio provienen de la derecha neoliberal y son gente de confianza del presidente del BCR, que puede hacer con ellos lo que le parezca. A su vez se aseguró también que Castilla se quedaría por un tiempo y hasta se especuló que el desplazamiento de Kurt Burneo, que aspiraba al cargo, hacia el nuevo ministerio de Inclusión Social (MIDIS) haría un balance con el jefe del MEF. Tampoco fue verdad. Han pasado cuatro gabinetes y Castilla, junto con Cornejo y Paredes, son los únicos que no han dejado el fajín, y curiosamente están a cargo de los tres ministerios donde se mueve más dinero. Obviamente Burneo se fue con Lerner y dejó el MIDIS como un ente subordinado política y presupuestalmente al MEF, donde se ha quedado hasta ahora.

En casi tres años Castilla ha pasado a tener influencia directa a través de personal del MEF, o de profesionales destacados de organismos internacionales, en por los menos nueve ministerios. No sólo en las carteras económicas: MEF, Energía y Minas, Vivienda, Agricultura, Transportes, Comercio Exterior; sino también en las sociales: Salud, Educación, Inclusión Social. Y si bien perdió el de Trabajo por la mano larga de Villena (que luego volvió al MEF), mantiene el control a través de la viceministra. La mancha castillista se extiende por viceministros y secretarios generales de  ministerios, hoy premiados con sueldos duplicados, y llega a instituciones decisivas como: Essalud, Banco de la Nación, Sedapal, ONP, Perupetro, y está esperando para engullirse a Petroperú, por el mismo método de tomar la cabeza y los cargos con sueldos sobre 25 mil soles.

¿Qué puede hacer el “cosito” de esta historia frente a este poder fenomenal? Nada. Pero, claro, en la crítica al aumentazo se soslaya quiénes son los motores de la decisión y sus principales beneficiarios. El APRA, el fujimorismo y otros eluden chocar con Castilla, probablemente porque son tan dependientes de la tecnocracia como Humala. Todos hablan del gobierno mediocre, pero eluden que más de la mitad de los ministros y todas las decisiones económicas y sociales están en manos de Castilla al que no se crítica. Pura hipocresía, para que el partido tecnocrático siga en su sitio y pueda tener del cogote a los siguientes gobiernos.

15.02.14
Publicado en Hildebrandt

en sus Trece

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